Visita de Rafael Alberti

El mar. La mar.
El mar.¡Sólo la mar!

¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?

¿Por qué me desenterraste
del mar?

En sueños, la marejada
me tira del corazón;
se lo quisiera llevar.

Padre, ¿por qué me trajiste
acá.

Gimiendo por ver el mar,
un marinerito en tierra
iza al aire este lamento:

¡Ay mi blusa marinera;
siempre me la inflaba el viento
al divisar la escollera!

    Rafael Alberti:
    Marinero en tierra, 1924.

 

RAFAEL ALBERTI EN EL INSTITUTO DE BACHILLERATO 
“SANT VICENT FERRER” DE ALGEMESI. AÑO 1984

La visita de Alberti al instituto no fue un hecho casual. Había sido planificada por Cristina Martín, Catedrática de Lengua y Literatura Española del centro, que había realizado unos trabajos sobre el autor con un grupo de sus alumnos. Sabíamos que Alberti iba a venir a Alzira para dar un recital con el cuarteto sudamericano con el que había recorrido América en los años de su exilio recitando el cancionero español y su propia poesía, y aprovechamos la ocasión para ponernos en contacto con él, que se mostró muy ilusionado con venir a charlar con los alumnos. 

Hacía muy pocos años que España se había estrenado en democracia y uno de los momentos más emotivos y simbólicos que vivimos aquellos años fue cuando se contituyó el primer Parlamento democrático presidido por Alberti y Dolores Ibárruri. Allí estaba Rafael en el Congreso con su pelo blanco, su aire juvenil y su vestimenta surrealista y primaveral como recordando aquella otra primavera del treinta y uno que parecía tener su continuación en el acto que veíamos celebrar en nuestras pantallas. También al instituto de Algemesí había llegado la primavera y se estrenaba la primera Junta Directiva elegida por los profesores que formaban entonces el Claustro del Centro. Ximo Carrión, director entonces, Cristina Martín y yo, que tenía el cargo de subdirector, preparamos todo para aquel día de 1984

Llegó Alberti y nosotros nos sentíamos un poco intimidados ante su presencia tan relevante desde el punto de vista de la historia y de la literatura; pero él parecía tan normal, tan próximo, tan cálido, que de inmediato desapareció toda distancia. Rafael venía con ganas de acercarse a los alumnos y a los profesores, de comunicarnos su experiencia, de sentirse de nuevo entre su pueblo, después de los largos años de exilio: primero francés, luego argentino y por último romano.

En la fotografía aparece en la biblioteca del centro hojeando uno de los trabajos que se mostraban en la exposición. Detrás, con barba, se ve a Ximo Carrión. Los alumnos estuvieron encantados y encantadores con Alberti. Nadie diría que Rafael tenía ya ochenta y dos años. Durante su charla quería comunicarles lo que había supuesto su estancia en la Residencia de Estudiantes y su relación con Federico García Lorca, que era el motor del grupo; sus primeros anhelos artísticos, que le llevaron a la pintura y, luego, cómo la muerte de su padre y nostalgia de su mar gaditano, lo hicieron escritor. También contó anécdotas de su vida de estudiante, habló muy bien de las monjitas de su primer colegio de párvulos, después dividió a los curas de su colegio del Puerto en gordos y delgados por el carácter bonachón de los primeros e irascible de los segundos, entonces nos miró a Ximo y a mí, que estábamos sentados a su lado en la mesa que presidía el salón de actos y que pertenecíamos al grupo de los flacos, y se rio al igual que todo el alumnado. Después estuvo recitando poemas de Marinero en tierra. Se disculpó porque quería haber estado más tiempo con los alumnos, pero le era imposible porque tenía que preparar el acto de Alzira. Por último, nos dejó uno de su dibujos en el libro de firmas del Centro. Alberti nos había causado una impresión de proximidad, de alegría, de bondad, como si la fama no fuera con él, como si siguiera siendo el muchacho del Puerto que hacia novillos para absorber el azul del mar en las marismas, el pintor autodidacta que se pasaba las tardes en el Museo del Prado desentrañando el secreto de la pintura, aquel joven que con un primer libro de poemas conseguía el Premio Nacional de Literatura en 1925; el militante comunista que creía en el pueblo y en el valor de la cultura y que por eso estaba aquí, tratando de recuperar el tiempo y el diálogo con los suyos; un tiempo y un diálogo que habían intentado arrebatarle, sin conseguirlo, una guerra cruel y un injusto exilio.

Daniel Arenas
Catedràtic de Llengua i Literatura Espanyola
Professor de l’IES Sant Vicent Ferrer des de l’any 1977 fins el 2006

Blog de Daniel: danielarenasmartin.blogspot.com.es

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