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50 IDEAS SENCILLAS PARA SALVAR EL PLANETA

EL PAÍS SEMANAL, 21 octubre 2007

 

Wangari Maathai, Nobel de la Paz: "No son las cosas grandes las que marcarán la diferencia, sino más bien los pequeños pasos que demos cada uno cada día". Es nuestra apuesta en esta nueva andadura. Cambiemos el rumbo. Está a nuestro alcance. Cada uno de nosotros, cada lector, cada periodista tiene en su mano más poder del que se imagina. Con sus pequeñas decisiones diarias -qué compra, dónde, cómo va a trabajar, cómo es su casa, a quién vota, dónde ahorra, qué come ...- puede lograr que el planeta se recomponga. Segura­mente haya escuchado (probablemente también lo haya pen­sado): "¿Para qué cambiar nuestros pequeños hábitos de con­sumo, si quienes realmente ostentan el poder siguen comportándose igual?" Nos minusvaloramos. Si nosotros exi­gimos otros productos, otras actitudes, Gobiernos y empresas deberán adoptar otros registros. Confianza y optimismo. Otro Nobel de la Paz, Martín Luther King: "Si supiera que el mundo se ha de acabar mañana, yo hoy aún plantaría un árbol". No se piden grandes esfuerzos, ni siquiera renunciar a la comodidad. La misma recomendación sirve para las compras que para nuestra vida: rechace el exceso de envoltorios, el empaquetado superfluo; lo único que hace es complicar nuestra bolsa de la basura. E. F. Schumacher, economista: "Debemos vivir con sencillez para que otros, sencillamente, puedan vivir".

 

1. Otras bombillas

Cambie las bombillas incandescentes por otras de bajo consumo. Son más caras, pero duran hasta diez veces más, y gastan entre cuatro y cinco veces menos. Éste era el primer con­sejo de la campaña de promoción de la película Una verdad incómoda, de Al Gore. El Gobierno australiano obli­gó a comienzos de año a acometer ese cambio en todo el país, toda una revo­lución de bombillas. En España, cada hogar es responsable de producir hasta cinco toneladas anuales de CO2, princi­pal causante del efecto invernadero. Tenemos que disminuir el consumo de energía. Nuestro comportamiento es decisivo para frenar el cambio climá­tico, que, según los expertos, provoca­rá este siglo un aumento de las tempe­raturas medias de dos a cuatro grados, una subida de las aguas de los mares de 28 a 43 centímetros y la extinción del 20% de las especies.

 

2. Demasiada basura

Las bolsas de basura de nuestras casas no paran de engordar. Otro síntoma más de la sociedad de consumo. En 1990, un espa­ñol generaba una media de 323 kilos de resi­duos domésticos al año; en 2004, esta can­tidad había aumentado a 524 kilos, según el Observatorio de la Sostenibilidad en España. Recuerde la triple regla de oro para gestionar bien los residuos: reducir, reutilizar y reciclar. La sociedad avanza en el reciclaje, pero no en las dos primeras opciones. Del cerca de kilo y medio de residuos que generamos cada

uno al día en casa, casi medio kilo correspon­de a envases y envoltorios. Estos materiales son muy voluminosos, y a menudo también superfluos e incluso complicados de reci­clar. Debemos evitar comprar productos con exceso de embalaje. Si seguimos esta sencilla regla, nuestras bolsas de basura habrán solu­cionado buena parte de su sobrepeso.

 

3. El sol en casa

Las energías renovables se están implantan­do rápidamente. Los paisajes se han llenado de aerogeneradores (en algunas zonas has­ta en exceso, con un impacto visual y auditi­vo sin calibrar). En poco tiempo se instalarán también en plataformas marinas. Y, según las nuevas normas de edificación, toda vivienda de nueva construcción debe incorporar unas superficies mínimas de colectores solares. Además, existen subvenciones para instalar placas fotovoltaicas: las compañías eléctricas están obligadas a comprar la energía que se genere con ellas a un precio con incentivo. A pesar de ser un país privilegiado en este sen­tido, a pesar del extraordinario potencial de sol con que contamos, España está muy por detrás en instalación de paneles en casas res­pecto a otros países, como Alemania y Austria, que soportan muchos más días nublados.

 

4. Un jersey y un toldo

Si tiene calefacción individualizada, instale un termostato para controlar el gasto. Antes de subir la temperatura o recurrir al aire acondicionado, probemos otras opciones que no requieran energía, como ponerse un jersey en invierno o generar corrientes cruzadas de aire en verano. Echemos mano también de toldos, persianas y ventiladores en época de calor. Y vigilemos a qué hora ventilamos las estancias. Si al final no son suficientes estas medidas, al menos habremos reducido las necesidades de calor o frío de la situación ini­cial. Recuerde, además, que las mejoras en el aislamiento de la vivienda permiten obtener ahorros energéticos y económicos de hasta un 30% en calefacción y aire acondicionado.

 

5. Desechos tecnológicos

­Cuidado con la basura tecnológica: los apa­ratos electrónicos contienen sustancias peli­grosas. Una batería de cadmio del móvil pue­de contaminar 600.000 litros de agua. No tire estos residuos a la basura. Llévelos a un pun­to limpio. Y piense dos veces antes de cambiar de aparato. Para fabricar un ordenador se han necesitado 240 kilos de combustibles fósiles. 22 kilos de productos químicos y 1.500 litros de agua. Fabricar un teléfono supone gene­rar hasta 75 kilos de residuos contaminantes, aunque luego nos vendan como un gran ade­lanto su pequeñísimo tamaño.

 

6. Grifos en buen estado

Ojo con el agua. Revise todos los grifos de la casa. Que no goteen. Una forma de reducir el consumo es colocar difusores de caudal.

 

7. Vigile las facturas

Compruebe cada mes las facturas de agua y energía para llevar el control del consumo. Es más, propóngase bajarlo. Márquese un reto, un objetivo. Si lo logra, doble satisfacción.

 

8. Al mercadillo

Compremos muebles duraderos. Esto no quiere decir que tengan que ser nuevos, tam­bién podemos reciclar alguno o acudir a tien­das de segunda mano.

 

9. Gota a gota

Si tiene jardín, instale riego por goteo. Elabo­re su propio abono (compost) con los restos orgánicos. Y cuide mucho el uso de plaguici­das y fertilizantes químicos.

 

10. Cartas sin papel

Pidamos que las facturas y extractos men­suales lleguen a nuestro correo electrónico en lugar de al buzón de cartas de casa. Menos papel que tirar.   

 

11. Conducir menos

La regla más importante para hacer más habitable nuestro entorno urba­no: conducir menos. El transpor­te público en España consume seis veces menos energía, por cada via­jero, que el privado, según datos del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE). Los coches consumen ahora un 20% menos que hace 20 años, pero aun así, el transporte es responsable en España de un tercio de las emisiones de CO2. Los datos cantan: está com­probado que uno de cada diez via­jes que se realizan en coche en la ciu­dad es para moverse menos de 500 metros. una distancia que práctica­mente todos podemos cubrir saluda­blemente caminando. Si fuéramos a pie en todos los desplazamientos de menos de dos kilómetros, podríamos ahorrar a España casi 1.000 millones de litros de combustible al año.

 

12. Eco-coches

Si nuestra única opción es el coche, bus­quemos uno que consuma lo menos posible. Pensemos en las opciones de modelos híbri­dos. O en echar al depósito biocarburante. En www.idae.es podemos encontrar una base de datos con el consumo de cada modelo. No olvidar que los vehículos más grandes gastan más que los pequeños. Y buena parte de su  consumo dependerá también de la persona que esté al volante. Una conducción eficien­te puede reducir el gasto de combustible y la emisión de CO2 un 15%. Primera regla: una velocidad moderada y constante.

 

13. Ciudad mediterránea

Si está buscando casa para alquilar o com­prar, baraje seriamente la posibilidad de vivir en el núcleo de la ciudad, preferentemente en un edificio antiguo rehabilitado. No deje­mos morir el modelo de ciudad mediterránea, compacto, tan humano, y lo cambiemos por el de urbe extendida, desperdigada, al esti­lo de las norteamericanas, una sucesión de urbanizaciones en las que resulta difícil esta­blecer relaciones entre vecinos y que nos obligan a depender del vehículo privado.

 

14. Más zonas verdes­

Reclamemos zonas verdes, pequeños pulmones para nuestra ciudad. Cumplen una importan­te función psicológica. Está probado que en barrios con zonas de esparcimiento verde, los nive­les de conflictividad, estrés y depresión de sus vecinos disminuyen. Son una válvula de descon­gestión. Y exijamos que no se pierda la tradición del jardín árabe. En vez del uso de césped a diestro y siniestro -costumbre heredada de los húmedos países anglosajones-, pidamos plan­tas autóctonas, que requieren menos riego y más imaginación.

 

15. Menos ruidosos

Un poco de silencio, por favor. Cuidar el medio ambiente no es sólo por la salud del planeta, sino también por la nuestra, por el equilibrio de todos los seres que habitamos la Tierra. Por eso debemos evitar que nuestro comportamiento en la ciudad sea muy ruido­so. Según la OCDE, el 20% de los habitantes de la UE sufren un nivel de ruido por encima del límite establecido por la OMS como acep­table: 65 decibelios. La contaminación acústi­ca deteriora la calidad de vida de una ciudad y tiene además efectos directos sobre la salud; los más claros: nerviosismo, irritabilidad y estrés. Según el Observatorio de la Sostenibilidad en España, el 35% de las quejas por ruido proceden de locales de ocio.

 

16. Ocio sin consumo

Elija un ocio menos consumista. No deje que la obsesión por comprar le condicione y se con­vierta en el protagonista de su tiempo libre.

 

17. Más bicicletas

Muévase en bicicleta, si la orografía, clima y tráfico de su ciudad lo permiten. Y si ve que no es seguro desplazarse sobre dos ruedas, exija a su Ayuntamiento carriles bici.

 

18. Escapes

Avise a averías de los servicios municipales en cuanto detecte un escape de agua en la red de distribución.

 

19. El brillo de las estrellas Pida a su Ayuntamiento que la iluminación de las calles sea eficiente y de bajo consumo, que no despilfarre luz hacia el cielo, que, ade­más, contamina las estrellas.

 

20. Más participativos

El 80% de la población europea y el 60% de la mundial viven en ciudades. El ritmo de con­centración urbana continúa a un ritmo cada vez más acelerado. No adopte una actitud pasiva. Movilícese. La ciudad la hacemos entre todos. Participe en movimientos y plataformas vecinales, y tenga en cuenta los compromisos ambientales de verdad cuando vote.

 

21. La bolsa o la vida

Cuando vayamos a la compra, no olvidemos llevar nuestra propia bol­sa, cesta o carrito. Las bolsas de plástico suponen un coste ambien­tal demasiado elevado para utilizarse en un único trayecto del mercado a casa. Pueden tardar cientos de años en descomponerse; en sus poco más de 25 años de historia se han conver­tido en una plaga. La web www.reusablebags.com asegura que cada minuto se fabrica en el mundo cerca de un millón de bolsas de plástico. En España se estima que se reparten al año 10.500 millones de estas bolsas, lo que equivale a más de 230 por perso­na. Ahorre al planeta sus 230 usando la cabeza. También puede pedir a su establecimiento habitual que faciliten otro tipo de bolsas reutilizables.

 

22. Apueste por lo biológico

Apúntese a los alimentos ecológicos, también denominados biológicos o bio. Provienen de una agricultura y una ganadería extensivas que no usan productos químicos sintéticos para aumentar su rendimiento o para luchar contra las plagas. España es uno de los mayores productores de alimentos biológicos, pero la gran mayoría de lo obtenido se dedica a la exportación. ¿Es que no sabemos apreciarlo nosotros? Apoye el esfuerzo de estos agricultores y ganaderos que han decidido cambiar por el medio ambiente.

 

23. El vidrio se recicla bien

¿Vidrio, tetrabrik, plástico o lata de aluminio? ¿Cuál escoger cuando un mismo producto se puede encon­trar en diferentes envases? "Lo mejor es el cristal", opina Juan López de Uralde, director de Greenpeace España, que asegura que no sale a la compra sin su cesto o su bolsa de tela. ¿Y después del vidrio? Según dice, el plástico que no sea PVC y la lata resultan más fáciles de reciclar que el tetrabrik. "De todas formas, ante la duda, yo cojo el que ofrezca menos envase por más contenido".

 

24. Un respeto a los peces

En la pescadería, debemos leer la etiqueta identificativa de cada pescado. En ella ha de figurar el tipo de aparejo utilizado en su pesca. Cuanto más selectivo, más sostenible (mejor con anzuelos o palangres que con redes). Y recuerde: "Pezqueñines, no". La talla mínima de una sardina debe ser de 11 centímetros. Y la del boquerón, de 9 en el caladero medite­rráneo y 12 en el cantábrico, noroeste y golfo de Cádiz. Podemos consultar las tallas míni­mas en la web del Ministerio de Agricultura.

 

25. Menos carnívoros

Para producir un kilo de trigo se necesitan unos 1.000 litros de agua, y para un kilo de arroz, 1.400 litros, según el Consejo Mundial del Agua. En cambio, para un kilo de ternera se requieren 13.000 litros. iVaya con la carne! Reduzcamos su consumo. No hace falta comer tanta; con dos o tres raciones sema­nales es suficiente. Con la comida, pensemos ante todo en la salud. También suele ser lo más ecológico. Hagamos caso a los expertos en nutrición y sigamos una dieta equilibrada con mucha fruta y verdura.

 

26. Cercanías

Compre productos locales, ya que para lle­gar hasta el mostrador del mercado habrán requerido menores desplazamientos y, por tanto, menos gasto energético.

 

27. Agua del grifo

Piense bien si merece la pena comprar agua embotellada cuando se puede beber la del grifo. Incrementa el gasto en energía y crea­rá un futuro residuo.

 

28. Sin bandeja

Compre alimentos naturales a granel siempre que sea posible. Reducirá envoltorios y gana­rá calidad. Evite llevarse a casa esas bandejas blancas cada vez más habituales en el súper.

 

29. Alerta: transgénicos

Uno de los enemigos número uno de los eco­logistas son los transgénicos. Recomiendan no consumirlos porque, dicen, todavía faltan pruebas que demuestren su inocuidad para la salud y el medio ambiente. Su presencia debe ir notificada en la etiqueta del producto.

 

30. El pequeño comercio

Evitemos ir en coche a un establecimiento leja­no si podemos realizar la compra caminando sin salir del barrio. Apoye el pequeño comercio, savia del modelo mediterráneo de ciudad.

 

31. Más sobriedad

Apueste por la vida simple, consu­ma menos, piense más. El economis­ta E. F. Schumacher terminó sus días como agricultor y escribió el libro-­filosofía Lo pequeño es bello. Toda una filosofía de vida. Según el Infor­me Europeo sobre Adicción al Con­sumo, el 15% de la población es adic­ta al consumo y un 46% de la juventud compra en exceso. Pensemos un poco: los países desarrollados (un 20% de la población) emplean el 80% de los recursos naturales. Si todos los habi­tantes del planeta consumieran a ese ritmo, la Tierra quedaría agotada en poco tiempo. Antes de comprar una nueva prenda, un nuevo aparato, pien­se si realmente es necesario. Detrás de cada objeto, por simple que sea, hay un consumo de energía, una generación de residuos, un gasto de agua.

 

32. Piense en lo que tira

El escritor mexicano y premio Nobel Octa­vio Paz se mostraba muy crítico: "Después de haber caído en la idolatría de los siste­mas ideológicos, el siglo XX ha terminado en la adoración de las cosas". Antes de comprar, reutilice. Un poco de imaginación y podemos ahorrarle muchos disgustos a la Tierra (y al bolsillo). Un cartón de huevos puede reciclar­se como un juguete para los niños: una bote­lla bonita de vidrio, de pequeño jarrón; los

calcetines se pueden convertir en muñecos; con restos de telas se pueden hacer colchas o mantas para el sofá. Hay cientos de ideas, y no queda cutre; todo lo contrario, le da un punto original a nuestra casa, una decoración comprometida con el planeta.

 

33. Límites a la 'fast-fashion'

Somos muy críticos con la fast-food; pues lo mismo debemos hacer con la fast-fashion (moda rápida), prendas de usar y tirar que apenas duran una temporada. Eso, desde el punto de vista ecológico, resulta una aberración. Déles una segunda oportunidad a las cosas. Acuda a comer­cios donde se vende ropa de segunda mano. Ayude a que todos estos objetos tengan una nue­va vida frente al impulso despilfarrador de acortar cada vez más su vida con lemas como "está pasado de moda" o "redecora tu vida".

 

34. Más madera sostenible

La madera es un producto muy ecológico, pero cuando lleva el nombre exótico de algu­na especie tropical puede haber salido de la deforestación de las últimas selvas vírgenes del planeta. Para estar seguros de que el pro­ducto que queremos comprar procede de una explotación sostenible, lo mejor es pedir madera certificada con el sello FSC (Forest Stewardship Council). Si exigimos este distin­tivo en todas las tiendas, ayudaremos a que se vaya generalizando. Ya son 60 las empre­sas españolas que venden FSC.

 

35. Comercio justo

Cuando compra algo. ¿piensa de dónde vie­ne? Granito de arena a granito de arena, pequeña decisión a pequeña decisión, el con­sumidor puede influir mucho en lo que se produce y cómo se produce. Hemos de tomar conciencia de que nuestras acciones, por insignificantes que nos parezcan, tienen con­secuencias ambientales, sociales y económi­cas. Una recomendación: acudir a las tiendas de comercio justo que han abierto diversas ONG. Hay cientos, con el aval de asociacio­nes como Intermón-Oxfam.

 

36. Papel reciclado

En la papelería, compre productos (carpetas, libretas. cuadernos, folios) elaborados con papel reciclado y sin blanquear con cloro.

 

37. Bancos con iniciativa

A la hora de ahorrar, acuda a aquellos ban­cos que sepa que invierten una parte de sus beneficios en promover iniciativas sociales y ambientales, como Triodos Bank.

 

38. La dignidad del trabajo

Ayude a mantener lo hecho con calidad y dig­nidad. Evite las producciones industriales masivas en fábricas de países donde no ten­ga claro que respetan a los trabajadores.

 

39. Juguetes y tiempo

No sature a los niños regalándoles jugue­tes que no van a apreciar. Valoran más otras cosas: que los mayores les dediquen más ­tiempo o les enseñen a fabricarse sus pro­pios entretenimientos usando la imaginación.

 

40. Infórmese

Lea prensa, siga la actualidad, interésese por el mundo. Un consumidor informado es un consumidor responsable. Así sabrá qué empresas son más insostenibles.

 

41. Un habitante, una semilla

En el siglo XX, los 5.000 millones de hectáreas cubiertas de bosques se redujeron a menos de 4.000 millones, según el Banco Mulndial. Plante un árbol. Y mejor de una especie autóctona. Aparte de la satisfacción de asistir a su crecimiento y mejorar eI paisaje en un país con tanta tendencia a la desertificación como España, hay un dato fundamental para frenar el cambio climático: por término medio, un sólo árbol absorbe una tonelada de dióxido de carbono a lo largo de su vida.

 

42. Cuidado con el fuego.

Muy importante: evitar los incendios foresta­les. En la última década, la media de super­ficie forestal calcinada en España ha sido de 118.000 hectáreas por año. En el 73% de los fuegos influye -por intención, imprudencia o negligencia- la mano humana. Debemos ser muy cuidadosos en nuestras estancias en el campo: no encienda fuego en el cam­po, ni para quemar rastrojos ni pastos, ni para barbacoas o fogatas. En la época de alto ries­go, meses de verano, y especialmente si hay sequía, mejor no hacerla ni en los sitios habi­litados para ello; cualquier chispa puede aca­bar en un desastre. No arroje al suelo cerillas ni colillas, ni ningún objeto en combustión, ni papeles, plásticos, vidrios o cualquier otro residuo susceptible de entrar en combustión y originar un fuego.

 

43. Sin motores.

Por las zonas rurales y los parajes natura­les intente usar lo menos posible los vehícu­los de motor, que rompen la calma que tanto nos gusta, ahuyentan a los animales, trastor­nan la tranquilidad de los habitantes de los pueblos y, en los caminos forestales, erosio­nan gravemente el suelo. Circular con el todo­terreno por todos los rincones es más hor­tera y depredador que aventurero; lo mismo sucede con los quad, desgraciadamente tan de moda. Infinitamente mejor es ir en bici, a caballo, en burro o andando.

 

44. Mejor rehabilitar

Si busca una casa en el campo, es mejor que elija la rehabilitación de una antigua edificación de pueblo que las nuevas construcciones de urbanizaciones. Es posible que sea más engorroso y quizá hasta más caro, pero la opción de la casa típica tiene más encanto, al final la haremos más nuestra, y evitaremos los desarrollos urbanísticos indefinidos que tanto están agrediendo nuestros paisajes. Esto mismo se puede aplicar a las costas. Es mejor optar por lo ya construido que invadir más zonas naturales.

 

45. Denuncie las tropelías

Denuncie al Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona) (062), muy activo y eficaz, los atentados que contemple contra el medio natural: desde alguna instalación que está contaminando un río o un arroyo hasta la quema de rastrojos o neumáticos, o vertederos incontrolados, o el uso de venenos, que siguen haciendo estra­gos en el campo español, y alambradas ilega­les. Denuncie también todos aquellos proyec­tos urbanísticos ilegales que sólo buscan el enriquecimiento rápido de unos pocos a cos­ta de maltratar el paisaje natural. No se insta­le en la comodidad mirando hacia otro lado.

 

46. Menos exploradores

Respete las normas de cada espacio natural en todo lo relativo a zonas de acampada y de escalada. Muévase por estos espacios sin salirse de las rutas habilitadas.

 

47. De pueblo en pueblo

El turismo rural es una magnífica manera de contribuir a las modestas economías de la gente que vive en el campo y de ayudar a fijar población en los pequeños pueblos.

 

48. El 'souvenir'

Una forma maravillosa de contactar con la naturaleza y encariñarse con ella es fotogra­fiarla. Una afición entretenida y mucho menos impactante que meter ruido con un quad.

 

49. Cuestión de setas

A la hora de recoger setas, no hay que arrancarlas, sino cortarlas con una navaja por el tronco. Además, lleve una cesta en lugar de una bolsa de plástico para dejar que las esporas vayan desperdigándose.

 

50. El lenguaje natural

El mundo natural es un libro que hay que saber leer. Podemos dotamos de guías que nos enseñen los nombres de aves, árboles, plantas, insectos, fenómenos geológicos...

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Webs d'interés

www.guardianesdelclima.com