RAFAEL ALBERTI EN EL
INSTITUTO DE BACHILLERATO
“SANT VICENT FERRER” DE ALGEMESI. AÑO 1984
La visita de Alberti al instituto no fue un hecho casual. Había
sido planificada por Cristina Martín, Catedrática de Lengua y Literatura
Española del centro, que había realizado unos trabajos sobre el autor
con un grupo de sus alumnos. Sabíamos que Alberti iba a venir a Alzira
para dar un recital con el cuarteto sudamericano con el que había
recorrido América en los años de su exilio recitando el cancionero español
y su propia poesía, y aprovechamos la ocasión para ponernos en contacto
con él, que se mostró muy ilusionado con venir a charlar con los
alumnos.
Hacía muy pocos años que España se había estrenado en
democracia y uno de los momentos más emotivos y simbólicos que vivimos
aquellos años fue cuando se contituyó el primer Parlamento democrático
presidido por Alberti y Dolores Ibárruri. Allí estaba Rafael en el
Congreso con su pelo blanco, su aire juvenil y su vestimenta surrealista y
primaveral como recordando aquella otra primavera del treinta y uno que
parecía tener su continuación en el acto que veíamos celebrar en
nuestras pantallas. También al instituto de Algemesí había llegado la
primavera y se estrenaba la primera Junta Directiva elegida por los
profesores que formaban entonces el Claustro del Centro. Ximo Carrión,
director entonces, Cristina Martín y yo, que tenía el cargo de
subdirector, preparamos todo para aquel día de 1984.
Llegó Alberti y nosotros nos sentíamos un poco intimidados
ante su presencia tan relevante desde el punto de vista de la historia y
de la literatura; pero él parecía tan normal, tan próximo, tan cálido,
que de inmediato desapareció toda distancia. Rafael venía con ganas de
acercarse a los alumnos y a los profesores, de comunicarnos su
experiencia, de sentirse de nuevo entre su pueblo, después de los largos
años de exilio: primero francés, luego argentino y por último romano.
En la fotografía aparece en la biblioteca del centro hojeando
uno de los trabajos que se mostraban en la exposición. Detrás, con
barba, se ve a Ximo Carrión. Los alumnos estuvieron encantados y
encantadores con Alberti. Nadie diría que Rafael tenía ya ochenta y dos años.
Durante su charla quería comunicarles lo que había supuesto su estancia
en la Residencia de Estudiantes y su relación con Federico García
Lorca,
que era el motor del grupo; sus primeros anhelos artísticos, que le
llevaron a la pintura y, luego, cómo la muerte de su padre y nostalgia de
su mar gaditano, lo hicieron escritor. También contó anécdotas de su
vida de estudiante, habló muy bien de las monjitas de su primer colegio
de párvulos, después dividió a los curas de su colegio del Puerto en
gordos y delgados por el carácter bonachón de los primeros e irascible
de los segundos, entonces nos miró a Ximo y a mí, que estábamos
sentados a su lado en la mesa que presidía el salón de actos y que
pertenecíamos al grupo de los flacos, y se rio al igual que todo el
alumnado. Después estuvo recitando poemas de Marinero
en tierra. Se disculpó porque quería haber estado más tiempo con
los alumnos, pero le era imposible porque tenía que preparar el acto de
Alzira. Por último, nos dejó uno de su dibujos en el libro de firmas del
Centro. Alberti nos había causado una impresión de proximidad, de alegría,
de bondad, como si la fama no fuera con él, como si siguiera siendo el
muchacho del Puerto que hacia novillos para absorber el azul del mar en
las marismas, el pintor autodidacta que se pasaba las tardes en el Museo
del Prado desentrañando el secreto de la pintura, aquel joven que con un
primer libro de poemas conseguía el Premio Nacional de Literatura en
1925; el militante comunista que creía en el pueblo y en el valor de la
cultura y que por eso estaba aquí, tratando de recuperar el tiempo y el
diálogo con los suyos; un tiempo y un diálogo que habían intentado
arrebatarle, sin conseguirlo, una guerra cruel y un injusto exilio.
Daniel Arenas
Catedràtic de Llengua i Literatura Espanyola
Professor
de l’IES Sant Vicent Ferrer des de l’any 1977 fins el 2006